Saltar al contenido

Gasolina 95 1,787 € ▼ 1,7 c Gasóleo 1,888 € ▼ 2,0 c desde el 5 Oct

Precios por provincia Cómo calculamos

Cocheconomía

Calcular mi coste

Taller

Se me calienta el coche: qué puede ser y cuánto cuesta arreglarlo, de lo barato a lo que te hace cambiar de coche

La aguja sube y el corazón también. Repasamos las causas por orden, de la tontería de treinta euros a la avería que decide si merece la pena seguir con ese coche, y qué hacer en el momento para no empeorarlo.

Por

Cifras verificadas con fuentes citadas al final. Cómo trabajamos.

Tapa de un motor de gasolina con la culata en rojo

La aguja de la temperatura empieza a subir, o se enciende una luz roja, y a uno se le encoge el estómago. Con razón: de todas las cosas que le pueden pasar a un coche, el sobrecalentamiento es de las pocas que puede pasar de «molestia» a «motor para el desguace» en cuestión de minutos.

La buena noticia es que la mayoría de las causas son baratas. La mala es que si sigues conduciendo, cualquiera de esas causas baratas se convierte en la cara.

Vamos por partes: primero qué hacer ahora mismo, y luego qué puede ser y a qué precio.

Lo primero: qué hacer en el momento

Si te está pasando ahora, esto es lo que importa y lo demás puede esperar.

Para. En cuanto puedas hacerlo con seguridad. No «en la próxima salida»: en el arcén si hace falta. Cada minuto rodando con el motor caliente es dinero.

Apaga el motor y abre el capó para que ventile, con cuidado porque ahí abajo hay cosas a mucha temperatura.

No abras el tapón del radiador ni del depósito de líquido. Está a presión y hirviendo. Quemaduras serias se producen así todos los veranos. Espera a que se enfríe del todo, que son bastantes minutos.

Mira el suelo. Si hay un charco de líquido de color llamativo —verde, rosa, naranja— tienes una fuga, y eso orienta mucho.

Y un truco de emergencia que funciona si necesitas moverte unos metros: enciende la calefacción al máximo. Suena absurdo en pleno agosto, pero la calefacción tira calor del motor hacia el habitáculo y le quita algo de temperatura. Es un parche para llegar a un sitio seguro, no una solución.

Las causas, de la tontería a la ruina

Las ordenamos de menos a más grave. Y como verás, la lista es bastante tranquilizadora hasta el último punto.

Falta de líquido refrigerante

Es la causa más común y la más boba. El circuito pierde líquido poco a poco —por una abrazadera, por un manguito viejo— y llega un día que no hay suficiente para enfriar.

Coste: si solo hay que rellenar y apretar algo, es de las reparaciones más baratas que existen. Lo que hay que hacer es encontrar por dónde se escapa, porque rellenar sin más es ponerle una tirita a un agujero.

El termostato

Es una válvula que decide cuándo pasa el refrigerante al radiador. Cuando se queda cerrada, el líquido no circula y la temperatura se dispara aunque haya refrigerante de sobra.

Da una pista muy característica: el coche se calienta especialmente en ciudad y se comporta mejor en carretera, o al revés, según cómo se haya quedado.

Coste: la pieza es barata. Lo que varía es la mano de obra, según lo escondido que esté en ese motor. Sigue siendo una reparación menor.

El ventilador del radiador

Cuando vas en carretera, el aire entra solo y enfría. Parado en un atasco, no: ahí hace falta que el ventilador se encienda.

Si el ventilador no funciona, el síntoma es inconfundible: el coche se calienta en los atascos y se enfría en cuanto coges velocidad.

Coste: moderado. A veces es el motor del ventilador y a veces solo el sensor que lo manda encender, que es mucho más barato.

La bomba de agua

Es la que mueve el líquido por todo el circuito. Si se para, no hay circulación y el motor se calienta muy deprisa.

Suele avisar antes: un ruido o un goteo bajo el coche.

Coste: aquí ya subimos. En muchos motores la bomba va accionada por la correa de distribución, y entonces la reparación se junta con un cambio de distribución. Si es tu caso, aprovecha y hazlo todo de una vez: pagarás la mano de obra una vez en lugar de dos. Lo explicamos en cuánto cuesta cambiar la distribución.

El radiador

Puede estar atascado por dentro, o roto por fuera tras un golpe o por los años.

Coste: depende del coche, pero es una pieza con precio propio y nada despreciable.

La junta de culata

Esta es la que nadie quiere oír.

Es la que separa el circuito de refrigerante del interior del motor. Cuando se rompe, los dos se mezclan: el líquido se mete donde no debe y los gases de la combustión pasan al circuito de refrigeración.

Las señales clásicas: humo blanco y espeso por el escape, el líquido refrigerante bajando sin que haya fuga visible, o un aspecto lechoso en el aceite.

Coste: es una reparación mayor, de las que se cuentan en miles. Y es justo la que convierte este artículo en una decisión económica en lugar de una mecánica.

Y aquí es donde hay que echar cuentas

Si te han dicho que es la junta de culata, antes de autorizar nada haz dos cosas.

Pide presupuesto por escrito y desglosado. Es tu derecho y te protege. Cómo leerlo y qué exigir está en presupuesto y factura de taller.

Y mira cuánto vale tu coche hoy. Porque si la reparación cuesta más que el coche, o se le acerca, la pregunta deja de ser «¿lo arreglo?» y pasa a ser «¿sigo con este coche?».

Esa cuenta la hacemos entera en reparar o cambiar de coche, y para saber lo que vale el tuyo tienes cuánto vale mi coche.

Lo decimos sin dramatismo: hay muchos coches a los que les llega la junta de culata a los quince años y la respuesta sensata es no arreglarla. No es rendirse, es aritmética.

Lo que más caro sale: seguir conduciendo

Si te quedas con una sola idea de todo esto, que sea esta.

Casi todas las causas de esta lista son baratas si paras a tiempo. El termostato, el ventilador, una fuga: reparaciones menores.

Y casi todas se convierten en la junta de culata —o en algo peor— si sigues rodando. El motor sobrecalentado deforma piezas que no se pueden enderezar.

La diferencia entre una factura pequeña y una que te hace cambiar de coche suele ser de unos pocos kilómetros. Los que recorriste pensando «llego y mañana lo miro».

Cómo llegar al taller con la mitad del trabajo hecho

Un diagnóstico cuesta dinero y tiempo. Si llegas con tres datos concretos, el taller va mucho más directo, y eso se nota en la factura.

Cuándo se calienta. Es el dato más valioso de todos, porque cada patrón apunta a una pieza distinta:

CuándoA qué apunta
En atascos, y se arregla al coger velocidadEl ventilador
En carretera, a velocidad sostenidaTermostato, bomba o radiador
Siempre, y muy rápidoBomba de agua o falta grave de líquido
Poco a poco, en semanasUna fuga lenta

Cuánto líquido ha perdido. Si has rellenado, di cuánto y cuándo. Una pérdida de medio litro en un mes no es lo mismo que un litro en un día.

Y si ha habido humo o ruido. Humo blanco y espeso al arrancar, un olor dulzón en el habitáculo, un ruido metálico que no estaba: todo eso orienta.

Lo que no conviene es llegar diciendo «se calienta» y nada más. No es tu obligación diagnosticar, pero la información que tienes tú no la tiene nadie más.

El coste invisible: lo que se rompe después

Hay una parte de esta avería que no aparece en el presupuesto del día y que es la que más dinero mueve: el daño acumulado.

Un motor que ha trabajado sobrecalentado, aunque solo haya sido un rato, puede deformar piezas que no vuelven a su sitio. Y el problema es que ese daño no siempre se manifiesta enseguida: aparece semanas después, en forma de consumo de aceite, de pérdida de compresión o de una junta que empieza a llorar.

Por eso, si has rodado un rato con el motor caliente, conviene decirlo aunque dé apuro. No para que te regañen, sino porque cambia lo que hay que revisar. Un taller que sabe que el motor pasó diez minutos en rojo va a comprobar cosas que de otro modo no comprobaría.

Y por eso mismo la cuenta de esta avería es tan sensible al tiempo: la diferencia entre parar en el arcén y llegar a casa «que total son veinte kilómetros» puede ser de un orden de magnitud en la factura.

Antes de autorizar una reparación grande

Si el diagnóstico es junta de culata o algo de ese nivel, para un momento y haz tres cosas.

Pide el presupuesto desglosado y por escrito, con las horas de baremo separadas de las piezas. Cómo leerlo está en el tiempo baremado del taller y qué puedes exigir, en presupuesto y factura de taller.

Pide una segunda opinión si la cifra es alta. No es desconfianza: es lo que harías con cualquier gasto de ese tamaño.

Y haz la resta con el valor del coche. Si la reparación se acerca a lo que vale el vehículo, la decisión ya no es mecánica: cuánto vale mi coche y reparar o cambiar de coche.

No hay nada malo en decidir que no merece la pena. Hay muchos coches a los que les llega esta avería a los quince años y la respuesta sensata es no arreglarla.

Preguntas frecuentes

¿Puedo seguir conduciendo si se calienta un poco?

No. Aunque la aguja solo suba un poco, el daño se acumula. Para y mira qué pasa.

¿Puedo echarle agua en vez de refrigerante?

En una emergencia y para llegar a un taller, sí. Pero el refrigerante no es solo agua: lleva anticongelante y anticorrosivo. Hay que sustituirlo cuanto antes.

¿Por qué se calienta solo en los atascos?

Es el síntoma clásico de un ventilador que no funciona. En movimiento el aire enfría solo; parado, no.

¿Cómo sé si es la junta de culata?

Humo blanco espeso y persistente por el escape, pérdida de refrigerante sin fuga visible, o aceite con aspecto lechoso. Pero no te diagnostiques tú: que lo confirme un taller.

¿Cuánto cuesta arreglar la junta de culata?

Varía muchísimo según el motor, pero es una reparación mayor. Pide presupuesto desglosado y compáralo con lo que vale tu coche antes de decidir.

¿Lo cubre el seguro?

Una avería mecánica por desgaste normalmente no, salvo que tengas una garantía específica. Lo que sí cubre casi cualquier póliza es la asistencia en carretera para llevarte al taller.

Fuentes

Compartir

Seguir leyendo